Preludio y advertencia

Hace un par de meses se incendiaron unos carrizos del otro lado del río de donde vivo. Yo observaba el incendio con atención, porque parecía decir algo.

Dos hombres intentaban apagar el incendio. El primero era un hombre joven que blandía un machete. Abría una brecha en el carrizal, de tal manera que el fuego no se extendiera a lo largo del río. Sus golpes eran certeros, su trabajo muy efectivo y tal era su serenidad que una vecina le preguntó a voces “es un incendio controlado?”, volteó y sacudió la cabeza, y continuó su trabajo.

El otro hombre era un joven completamente borracho, que con toda la urgencia del mundo se aventaba a sacar los carrizos que el otro cortaba, como si el fuego ya estuviese encima de ellos. En su entusiasmo y prisa cayó por un desnivel, resbalando casi hasta dar al río, pero la maleza de la orilla lo salvó. Intentaba trepar por encima de de los carrizos, pero éstos se hicieron rodillos y resbalaba de nuevo hasta la orilla.

Desde el otro lado le queríamos gritar: vete a lado de los carrizos, será más fácil! Pero este hombre estaba realmente en un estado alterado de conciencia, y haciendo uso de la pasión (pues la razón escaseaba), se aventó con tal brío que hubiera podido penetrar el carrizal mismo y logró superar el barranco.

Al encontrar suelo seguro, extendió los brazos al aire y se tiró de rodillas, luego cayó a un lado para recuperar el aliento. Cuando se encontró recuperado, se puso nuevamente de pie, se quitó la camisa, y siguió quitando carrizos con el mismo entusiasmo de antes, aunque afortunadamente con un poco más de precaución.

Entendí al hombre borracho a través de mi búsqueda espiritual: piensa que está salvando al mundo y tiene una urgencia pasional, un espíritu que se sobrepone a cualquier obstáculo. Aunque requieren coraje y valentía muy reales, pero lo obstáculos parecen imaginarios. Son molinos en el viento en el mundo exterior, gigantes en el mundo interior. Si uno

obstáculos casi imaginarios, molinos de viento que se convierten en gigantes en nuestro espíritu, y haciendo uso de cierta valentía interior, se expresa en tu mundo exterior de una forma incomprensible para los demás.

En estas búsquedas yo también me encontraba borracho. Y también tenía a un hombre serio que, detrás de las glorias y visiones del borracho, era el que realmente apagaba el incendio.

uno con un machete se había ido a unos cinco metros del fuego, y en carrizal comenzó a abrir una brecha. Su trabajo lo hacía en silencio y en concentración absoluta. Su machete